Las culturas celtas, germánicas y eslavas consideraban que los árboles ancianos o con formas anómalas (como troncos huecos o rayados por rayos) eran la morada física de espíritus, ninfas o deidades.
Hablarle a un tronco hueco no era un acto poético personal; era literalmente hablar por un “teléfono” directo con el plano espiritual o con los ancestros.
Cuéntale tus deseos a un árbol hueco y se cumplirán mas rápido de lo que piensas.
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